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Artículos Anteriores > "Al Servicio de la Paz"

 

Objetivo

 

       La meta de toda reconciliación es la paz y el camino hacia la paz se inicia en nuestra alma. Nos reconciliamos con todas las personas, con la vida y con los destinos de cada uno, cuando los amamos tal y como son, sin juzgarlos. Ya que en el fondo, todos somos iguales. Gracias a ellos crecemos y evolucionamos. Pretender cambiar a los otros o los destinos, va en contra del movimiento del espíritu que nos mueve a todos.

       El obstáculo principal para la paz es recordar lo sucedido y pretender hacer "justicia", y así comienzan nuevas injusticias....... Cuando alguien se cree mejor que alguien, o un grupo se cree mejor que otro, lo que hacemos es excluirlos. Sin embargo, la paz y el crecimiento sólo se puede lograr, si podemos ir más allá de nuestro punto de vista, de nuestra conciencia y dejamos de establecer diferencias entre "bueno" y "malo". La base de todo conflicto es que alguien se cree "mejor" que alguien y de ahí surge el deseo de castigar al otro. Estar en contra de alguien, es estar a favor de la violencia. Aquello que critico en el otro, puede ser una parte de mí que no tengo reconciliada o integrada. La "moral", nos hace excluir a los "malos" y negarles nuestro amor.

       En la vida, existen 3 tipos de asuntos:

* los propios: Conviene asumir nuestra parte de responsabilidad, si hemos causado daño a alguien y dejar que la otra parte asuma la suya. Reconciliarse con lo ocurrido nos permite desprendernos del resentimiento y mirar a la vida con alegría.

* los de los demás: en los que conviene no meterse, para dejar que sean los implicados los que lo resuelvan, como personas adultas. Ya que cuando tomamos partido con nuestra indignación en un asunto en el que no estamos implicados directamente, nos posicionarnos a favor de uno y nos enfrentarnos al otro. Esta postura, está a favor del conflicto y perpetua el problema.

       Cuando juzgamos una actitud o comportamiento lo que hacemos es depositar nuestra atención y energía en ello, y ésto hace que, al final, lo acabemos imitando. Por ejemplo, si juzgo la falta de tolerancia de alguien, mi propio acto de juzgar es una falta de tolerancia. Es decir, nos acabamos convirtiendo en lo que criticamos. De esta forma, nos convertimos en perpetrador de la persona a la que juzgamos y en futuro nos tocará reparar el daño causado.

       Por el contrario, mantenerse al margen, permite que los implicados lo resuelvan. Y mientras tanto, nos retiramos aceptando que los conflictos forman parte de las relaciones y que también son una fuente necesaria para el crecimiento y evolución de las personas y las relaciones.

* los asuntos del "universo" o como queramos llamarlo: que se escapan a nuestro control. Que con el tiempo se reconciliarán de forma favorable para todos.

 

       Todos, como personas adultas, hemos sido a lo largo de nuestra vida, víctimas y perpetradores. Es decir, hemos causado daño a otras personas y también los hemos sufrido. Quien se encarga de castigar al "culpable", no está reconciliado con su propia culpa.... prefiere mirar la culpa ajena que la propia y castigarla.....de esta forma puede seguir sintiéndose "inocente". El deseo de que el otro cambie, es la excusa para no cambiar uno mismo y encarar su propia responsabilidad.

       Por tanto, para que la reconciliación se produzca, es necesario que cada uno asuma el daño que ha causado y dentro de lo posible lo repare o haga algo bueno en memoria de lo ocurrido. Así, cada parte, deja de comportarse como un niño y pasa a ser un adulto que reconoce que "yo soy como tú..... en ti, me encuentro a mi mismo..... en mí, también está lo que critico en ti..... eres un cachito de mi espejo...... gracias por lo que me has permitido ver".

       La Paz surge de un sincero "Lo Siento" por parte de quien causó daño y si la víctima lo desea, una reparación del daño que solo depende de las partes implicadas en su origen. Perdonar está relacionado con la Culpa y el Castigo, es más Sabio y Maduro dejar a los implicados con su "Responsabilidad". Así recuperan su Dignidad.

       Quien sólo ve la culpa de una de las partes, su miedo le obliga a tapar la culpa de aquel que le resulta indispensable para su supervivencia y le permite seguir perteneciendo al grupo. De esta forma uno se vuelve dependiente del grupo, aunque este le lleve a la infelicidad o a la negación de sus propios valores. Sin embargo, para poder crecer, hay que mirar más allá de los límetes del grupo y ampliar la conciencia, para estar al servicio de la humanidad en su totalidad.

 

       En lugar de asumir nuestra parte de responsabilidad, podemos:

* expiar, es decir, castigarnos por lo ocurrido, sin actuar, ni reparar el daño. Lo cual, no beneficia en nada al otro, ni a uno mismo. Seguir en la culpa, es oponerse al crecimiento, ya que paraliza y debilita.

* permanecer en el papel de víctima, viendo sólo el daño que nos ha hecho el otro y no el que uno ha hecho. Esto permite seguir siendo perpetrador, causar daño, de forma "justificada". Evita resolver la rabia y ,por tanto, se queda atrapado en ella. Incluso, se puede involucrar a terceras personas, que nada tienen que ver en el asunto, para que lleven también su rabia.

       Cada parte, tiene la libertad y el libre albedrío de o bien permanecer en la culpa o bien asumirla.

       Quien no asume el daño causado, hace que algún descendiente lo haga en su lugar, normalmente los más débiles y los que más dependen del grupo para su supervivencia. Es decir, otro cargará con la culpa y al no poder asumirla, por no tener la fuerza para llevarla, ya que no es suya, se convertirá en una víctima más de lo ocurrido. De este forma, se hace una bola de nieve que aumenta hasta que el conflicto sea resuelto desde el origen, sólo con los verdaderamente implicados.

       Para dejar el pasado atrás y tener un futuro mejor, hay que recordar que todos estamos vinculados y por tanto, que todo el daño que hago a los demás, en el fondo, me lo estoy haciendo a mi mismo. Y viceversa, todo el bien que hago a los demás, también me lo hago a mi mismo.

       La paz surge cuando somos capaces de reconciliarnos y, si es necesario, despedirnos con amor, deseándole lo mejor a la otra persona. Esto nos aportará coherencia, humildad y fuerza.

       Y no hay que olvidar que al final a la persona a la que tendremos que mirar con Amor Incondicional es a nosotros mismos para hacerlo estensivo a los demás. Cuando sepamos la Verdad al 100% nosotros mismos seremos los que estaremos en disposición de opinar sobre nuestros pensamientos, sentimientos y actos con mayor Coherencia y Lucidez, al tiempo que los demás también lo estarán.